Soy perfeccionista.
No siempre. Pero a menudo sí. Y eso a veces es una buena cualidad… y otras veces no tanto.
Por supuesto, como emprendedora, quiero lo mejor para mi cliente. Terminar bien un proyecto, cumplir lo acordado — o incluso un poco más. Quiero que se vea bonito. Coherente. Completo.
Pero ahí aparece una tensión:
La diferencia entre lo necesario y lo ideal.
Entre lo que entra en el presupuesto y lo que yo quisiera hacer.
O entre lo que yo considero importante y lo que el cliente ni siquiera nota.
A veces un cliente tiene un presupuesto limitado. Simplemente no hay margen para extras. Ni tiempo para mejorar más.
O incluir cosas que no estaban previstas.
Y aun así oigo esa vocecita en mi cabeza: “Sí, pero… podría ser mejor.”
Y ahí tengo que tener cuidado.
No ir demasiado lejos. No darlo todo. No sobrepasar mis propios límites.
Porque sí, claro que a veces está bien darle un extra al cliente. Un pequeño bono. Una sorpresa.
Pero no siempre. Porque eso crea expectativas. Para la próxima vez. O para otros.
Lo mismo me pasa en casa.
También allí soy perfeccionista. Las cosas tienen que encajar. A mi manera.
Detalles que otros ni ven, yo los noto enseguida.
El manitas que trabaja para mí y para mi familiar a veces se ríe de eso.
A ella no le importa si queda un huequito en la pared del baño.
Yo enseguida noto si los pomos del armario están unos milímetros torcidos.
Y entonces no puedo dejar de verlo. Y me irrita.
Él siempre es respetuoso — aunque a veces lo pillo rodando los ojos.
Y yo también me río de ello, la verdad. Pero sí, lo llevo dentro.
Ahora mismo estoy en un buen flujo.
Escribo.
Mucho.
Para mi nuevo blog, para mi web, para mí misma.
Las ideas fluyen. Las palabras vienen solas.
¿Pero el diseño? Aún no lo tengo claro.
Tiene que estar en línea con Webteam4U — pero más suave. Más femenino. Más mío.
Y cómo será eso exactamente, aún no lo sé.
Quiero tanto. Y no sé cuánto tiempo me tomará lograrlo.
Pero una cosa sí sé: si espero a que sea perfecto, nunca lo terminaré.
Y lo curioso es que eso mismo es lo que les digo muchas veces a mis propios clientes: “Empieza. Déjalo crecer. Siempre se puede ajustar después.”
¿Pero darme ese consejo a mí misma?
Esa es otra historia.
Así que aquí está mi blog. No es perfecto. Pero sí es real.
Y quizás, con eso, ya es suficiente.